El pasado 11 de
septiembre, día de la "Diada de Catalunya" se pudo comprobar que, cada año que
pasa, una mayor parte de la población que vive en Cataluña se siente catalana y defiende, esencialmente, el terrritorio que comparte.
Todos somos emigrantes - según diversas teorías nuestros orígentes proceden del continente africano - compartiendo cultura y un mismo espacio que debemos preservar, y del cual somos responsables.
Esta Diada fue una
jornada festiva y familiar. Vivimos una revolución pacífica donde la diferencia de parecer no fue motivo para que existieran incidentes notorios. Ya no existe ánima aversión hacia el gobierno
de Madrid por el distanciamiento que ha mantenido, en muchas ocasiones y a lo
largo de los años, con los catalanes.
Hoy en día todas las ilusiones, los sentimientos y los anhelos
están focalizados en poder disponer de la libertad para decidir cómo convivir y cómo gestionar los recursos
que se generan. Al fin y al cabo, la
mayor satisfacción para las personas es poder dirigir sus propias vidas, y por
ende tener la libertad para determinar quienes deben ser los representantes que dirijan y gestionen sus decisiones y las de su comunidad.
Esperemos poder dejar de oír en un periodo breve la palabra
transitoria “independència” para llegar al objetivo final que es la interdependencia
cohesionada.
Ahora sólo nos queda
saber qué opina la mayoría.
